Herramientas Personales
Usted está aquí: Inicio Estudios Los cuentos folclóricos de Fernán Caballero
Acciones de Documento

Los cuentos folclóricos de Fernán Caballero

por Montserrat Amores

Coplas, romances, refranes, juegos infantiles, cuentos, leyendas y chascarrillos se diseminan en las novelas, las relaciones y los cuadros de costumbres de Fernán Caballero. Pero la autora también dedicó tres de sus obras única y exclusivamente a la recopilación de etnotextos. Me refiero a los Cuentos y poesías populares andaluces de 1859, los Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles de 1877 y El refranero de la gente del campo y poesías populares, publicado después de su muerte en 1912. En ellas se recogen varios géneros de literatura popular siendo uno de ellos el cuento folclórico al que dedica gran espacio y atención.

Cecilia Böhl de Faber inicia muy pronto la recolección de cuentos y demás géneros etnopoéticos, cuando contaba unos veinte años. Pero es especialmente en Dos Hermanas, casada ya con el marqués de Arco-Hermoso entre 1822 y 1835, cuando se concreta en la futura Fernán Caballero su afición por la recopilación y anotación de asuntos de diversa índole. Al principio recogía el material en francés; más tarde en castellano.

Las primeras noticias de la preparación de un volumen dedicado a géneros etnopoéticos por la autora son de 1856. De ese año es una carta a su amigo Juan Eugenio Hartzenbusch en la que le comunica que Fermín de la Puente y Apecechea la ha animado a que publique un volumen, todavía sin título concreto, de "cosas populares", escribe Cecilia.

No obstante, bien sea porque le publicaban más fácilmente las novelas, relaciones, y cuadros de costumbres que escribía, bien porque la organización del volumen era muy lenta y laboriosa, Fernán tardó tres años en publicar la colección.

Tras la recopilación del material llegaba la tarea que más abrumaba a Cecilia Böhl: su clasificación y selección. Según se desprende de sus cartas, ambas operaciones se realizaban al mismo tiempo y la tarea se complicaba enormemente con las poesías. En muchas ocasiones Fernán alude a la organización del material en verso. Son menos las que hacen referencia a la ordenación y selección de los cuentos. A Hartzenbusch escribe el 13 de agosto de 1863:

"Puede V. hacerse cargo de los millares de coplas y cuentos que oiré y buscaré, para poder reunir lo que sea digno de imprimirse; el ciento de versiones del mismo cuento para poder elegir la mejor".

Seguramente la recolectora exagera al hablar del "ciento" de versiones de un mismo cuento que posee. Lo más probable es que escogiese entre todas la versión que creía más completa, o hiciese algún que otro arreglo entre algunas, como hicieron los hermanos Grimm. Los valores que impondrá para escoger "la mejor" serán "la poesía, la invención y el sentimiento religioso", según sus palabras.

Sólo cuando empieza a concretarse el proyecto de publicar los etnotextos recogidos, Cecilia Böhl se da cuenta de que la gran cantidad de material de que dispone la obliga a dividir sus recolecciones en dos volúmenes, que, en principio, debían aparecer en un lapso de tiempo no muy largo, tal y como se desprende de su extenso epistolario. En el primero se incluiría todo el material popular andaluz; en el segundo las "cosas infantiles", como las llama la autora. La raíz de esta distinción debe buscarse en la concepción genérica alemana de la que dependía Cecilia. Distingue entre los Volksmärchen, cuentos populares, y los Kindermärchen, cuentos infantiles. Así, el volumen de cuentos populares de 1859 y el que publicaría en 1877, y que lleva preparando desde por lo menos 1862, forman parte de una labor única, sólo que en el primero, y siempre en lo referente a los cuentos, iban los Volksmärchen, y en el siguiente los Kindermärchen, los conocidos entre nosotros como cuentos de animales y de encantamiento.

En alguna que otra carta, Cecilia Böhl indica cómo actúa con el material folclórico del que hace acopio. Distingue claramente sus dos principales labores: creación, y recolección. En 1852 escribe a Hartzenbusch:

"... pero novelas no es tan fácil el que salgan como Minerva dándose un golpe en la cabeza. —Los cuentos como no los compongo, y no hago sino anotar y bordarlos, me es más fácil..."

Fernancaballero3La labor de "bordar" los cuentos que llevaba a cabo Fernán es comparable a la que siguieron los hermanos Grimm para la preparación de los textos de sus Cuentos infantiles y del hogar (1812-1919) y se relaciona directamente con la distinción entre Poesía de la Naturaleza y Poesía del Arte de los Grimm. La primera es de inspiración divina, no tiene autor conocido pues surge y se forma del alma de la totalidad, y se crea espontáneamente; la segunda es creada por los hombres a partir de la reelaboración. Para los Grimm, la segunda no permite el cambio ni la alteración de ninguna de sus palabras, puesto que es obra personal e individual de un hombre. Pero con la primera, la Poesía de la Naturaleza no es necesario proceder de ese modo. Inspirados por el genio natural, los Grimm y Fernán Caballero intentarán dar a conocer aquellos cuentos de modo que muestren mejor el verdadero espíritu del creador, el pueblo. Del mismo modo procederá Agustín Durán al escribir su Leyenda de las tres toronjas del vergel de amor en 1856 y al mismo procedimiento se refiere al decir en el prefacio a su obrita que cuando escribía el romance "no era yo el hombre alimentado y nutrido por el arte enseñado en las escuelas; no era el poeta que tiene un nombre determinado: era sí el espíritu universal inspirado en los trovadores ambulantes..."

Ninguno de ellos actúa como individuo al reescribir los cuentos sino como colectividad, intentando ser fieles al espíritu del pueblo. En el caso concreto de Fernán Caballero, su visión idealizada del mismo resta objetividad al método y explica perfectamente el modo de actuar y de reelaborar los cuentos de la autora. Dice en el prefacio a los Cuentos y poesías...

"Las cosas que nosotros presentamos tienen señaladamente el sello andaluz, como que en esta provincia han sido recogidas. Este sello es generalmente la chuscada, la agudeza y la burla. Fácil, muy fácil nos hubiera sido poner lo que está en prosa y en lenguaje vulgar en lenguaje culto; pero hemos preferido presentarlo en el suyo propio para que no perdiesen su forma peculiar y genuina."

Fernán creó una "lengua popular" del pueblo andaluz en la que se expresase "la chuscada, la agudeza y la burla" para los cuentos populares (Volksmärchen) y otra que manifestase la sencillez, el candor y el sentimiento religioso de los niños, además de adecuarse al público infantil, para los cuentos de niños (Kindermärchen), que recogerá en el segundo volumen titulado Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles.

Por otro lado, en el "anotar y bordar" de Fernán Caballero empieza a actuar el pensamiento conservador de la autora. Cuando "bordaba" a su manera los cuentos introducía ciertos detalles siempre que fuesen fieles al carácter del cuento. En los cuentos "populares" introduce chistes, agudezas, y actualizaciones de carácter burlesco referentes a la vida política española. En los cuentos infantiles elementos moralizadores y religiosos.

Veamos algunas características de los "populares" que aparecieron en la primera parte de los Cuentos y poesías populares andaluces, que publicó la Imprenta y Litografía de la Revista Mercantil en 1859. La forman trece relatos en prosa. Los cuatro primero son obra personal de Fernán, los nueve restantes son cuentos folclóricos. La mayor parte de ellos habían sido escritos unos, o reelaborados otros, con bastante anterioridad, y muchos de ellos publicados en revistas entre 1849 y 1855.

Los cuatro primeros textos que forman el primer grupo de los Cuentos y poesías populares andaluces, titulados "Las tres reglas de la gramática parda: juguete dialogado", "Una paz hecha sin preliminares, sin conferencias y sin notas diplomáticas", "Un quid pro quo" y "Flores humildes de religiosa poesía, etimologías de dichos y expresiones generalizadas", están en la línea de las palabras del prefacio, pues intentan mostrar los principales valores del pensamiento popular. Si en el prefacio Fernán ha pretendido definir al pueblo español, estos textos deben considerarse como una especie de introducción a los etnotextos, que se consignarán en los siguientes apartados. De este modo ejerce la autora una profunda función ideológica, puesto que el lector conoce al pueblo andaluz a través de la visión mediatizada de este que presenta la autora, en los que se pone de manifiesto el espíritu nacional y el patriotismo que lo caracteriza, según Fernán.

De los nueve cuentos populares que se incluyen en este apartado, los ocho primeros son reconocidos como folclóricos en los índices internacionales y se conocen versiones orales y literarias españolas. El último, titulado "Tribulaciones de un remendero", no debe considerarse cuento folclórico.

Como advertí anteriormente, Cecilia Böhl escogió, entre el repertorio que ya había formado de cuentos folclóricos, los Volksmärchen para esta primera colección. El carácter popular viene determinado, además de por la lengua, por algunas características comunes a todo el grupo.En primer lugar, ninguno de ellos se incluye dentro del gran grupo de cuentos de animales, pues la autora, obviamente, creyó que éstos eran más adecuados para el público infantil.

En todos existe una fuerte presencia de lo maravilloso, pero, a pesar de ello, sólo uno puede considerarse como verdadero "cuento de encantamiento", en el sentido que la autora y el pueblo dan a este tipo de cuentos especialmente destinados a los niños. Esta excepción es "La oreja de Lucifer". El tratamiento de lo maravilloso en este volumen es muy diferente al realizado en los Cuentos, adivinas y refranes populares e infantiles. En los primeros el universo representado es el nuestro, y siempre los personajes maravillosos aparecen en él ayudando, o agrediendo a los protagonistas. En algunos casos, el héroe debe acceder al universo maravilloso pero siempre queda perfectamente diferenciado el paso de uno a otro lugar. El carácter de los personajes de índole maravillosa se diluye debido a su presentación, a su caracterización y a la lengua en la que se expresan. En muchos casos lo maravilloso se presenta como superado. La razón estriba en que varios de los cuentos folclóricos de tipo maravilloso pertenecen a ese subtipo de cuento que Heda Jason llamó cuentos maravillosos carnavalescos. Así ocurre en "Juan Soldado" y "La suegra del diablo". En ellos, el protagonista no se inmuta ante el carácter maravilloso de los donantes, de los agresores o de los objetos donados. Tampoco creerá que está realizando una empresa extraordinaria al enfrentarse al diablo y vencerlo, o al utilizar los objetos maravillosos. El tratamiento carnavalesco de lo maravilloso está también presente en otros cuentos a pesar de no pertenecer al subtipo concretamente carnavalesco, como ocurre en "Tío Curro el de la porra" o "Juan Holgado y la Muerte".

Otra de las características que otorgan a este grupo de cuentos un carácter notablemente popular es la índole de los protagonistas y personajes no maravillosos que aparecen en estos cuentos. En todos los casos se trata de hombres y mujeres del pueblo, campesinos, jornaleros, artesanos... Fernán Caballero no personaliza ni individualiza a los personajes de sus cuentos. Los nombres que reciben son apelativos que los tipifican, destacando más bien su carácter de estereotipo. Se conocen por su apodo, que indica la cualidad o el rasgo más definitorio con relación a la trama del cuento. Así, por ejemplo, Curro, de "El tío Curro el de la Porra", no es sólo familiarmente Francisco, sino sinónimo de "pincho", "majo", y, haciendo gala de su nombre, la emprende de modo chulapo a golpes contra todos.

Pero, sin duda alguna, aquello que otorga a los cuentos folclóricos de este volumen el rasgo popular por excelencia es la lengua. En ellos, la autora no reprodujo la lengua del pueblo, pero sí creó una que intentaba reproducir la popular. Dentro de ese objetivo se incluye también el intento de mostrar todo el proceso que engloba la enunciación de un cuento. Los cuatro primeros, "Tío Curro el de la porra", "La oreja de Lucifer", "La buena y la mala Fortuna" y "Las ánimas", se presentan enmarcados en un diálogo que mantiene la autora, Fernán Caballero, con los supuestos narradores de cuentos: el tío Romance, en los tres primeros casos, la tía Sebastiana en el último, que se convierten en "informantes" de Fernán. Así, en primer lugar, deja constancia de su papel como recolectora de cuentos folclóricos, y en consecuencia, se deduce una escasa, por no decir nula, participación de su pluma en la narración. En segundo lugar, consigue, mediante esta presentación, mostrar al lector todo el proceso de enunciación de un cuento.

Fernancaballero2Dentro de este proceso de oralidad del cuento folclórico deben destacarse los frecuentes recursos utilizados con la intención de dotar a la narración de un aire de verbalidad sólo logrado por muy pocos de los autores decimonónicos que cultivarán este género. Por ello conserva las fórmulas de entrada de los cuentos. Se trata de las más convencionales y las que se relacionan más con lo popular: "Pues, señor han de saber ustedes que..." y otras parecidas. En otras ocasiones se consigue mediante la sustitución de gestos, entonación, movimientos, cambios de voz... por frecuentes llamadas al auditorio, no a los lectores. Otras veces imita las formas de enunciación orales mediante la utilización de apóstrofes para destacar actitudes, fenómenos o acciones sorprendentes o extraordinarias. De hecho, se trata de la recuperación de aquel procedimiento retórico tan utilizado en la épica: la admiratio. Mediante apóstrofes, preguntas retóricas y llamadas dramáticas se intenta despertar la admiración, suponiendo que el receptor no es lector sino oyente.

Así, en "La oreja de Lucifer", durante el enfrentamiento entre el caballero y Lucifer, pueden leerse las siguientes palabras que ofrecen además una idea de la adición de elementos moralizadores por parte de la autora. Dice el cuento:

"¡Cristianos! Combate como sostuvieron el buen caballero y el maldecido Lucifer no se ha visto por el mundo.
¡Ya! ¿Cómo se había de ver, si para combatir por acá arriba no viene nunca ese condenado a cara descubierta, sino disfrazado en vicios!. Mas el caballero se persignó, y como todo el que a Dios se encomienda vence a Lucifer, pudo más el caballero y le cortó una oreja.
¡Cómo se quedaría Lucifer al ver su oreja en manos de un cristiano! Déjolo a consideración del que me escuche".

Asimismo, el uso de estas técnicas proporciona dramatismo y emoción, pues el narrador intenta implicar al oyente en el relato. A veces la descripción de gestos y movimientos intenta subsanar las carencias que la forma escrita presenta con respecto a la enunciación. La introducción de coplas y cantares potencia el estilo popular además de dotar al texto de cierto tono costumbrista.

A todo ello debe unirse la recreación de la lengua popular. Sin duda, uno de los mejores recursos utilizados es la introducción de vulgarismos en sus cuentos. El uso muy frecuente de comparaciones, que se concentran en las descripciones, es otro de los recursos estilísticos utilizados para recrear la lengua popular. Se trata de comparaciones en las que el segundo término se relaciona siempre con objetos, fenómenos, actitudes... marcadamente alejados de la lengua poética y próxima a la vida cotidiana. Así, pueden leerse cosas como "unos aguaceros, que cada gota de lluvia parecía en el tamaño y en el sonsonete un cascabel", en "La oreja de Lucifer"); "Y cáteme usted las hogazas dando vueltas como ruedas de carretas y las longanizas arrastrándose más súpitas que culebras encaminarse hacia el morral sin perder su derechura", en "Juan Soldado".

De este modo el aire popular se une al cómico-carnavalesco pretendidamente buscado por la autora. La lengua potencia la agudeza, la chuscada y la burla, carácter definitorio del pueblo andaluz, según Fernán Caballero.

La presencia de la autora en los cuentos de este volumen no es tan advertida como en el volumen siguiente. Fernán introduce alguna que otra apostilla con la intención de incorporar al cuento alguna nota cómica. Cuenta con que los lectores son adultos y el centro de interés siempre, o la mayoría de las veces, estará referido a cuestiones relacionadas con la política. Se evidencia entonces el tradicionalismo de la autora. En estos cuentos las actualizaciones estarán siempre unidas a un personaje, el diablo, que servirá de excusa para relacionarlo con revoluciones y cuestiones políticas.

No opera del mismo modo Fernán al preparar su segundo volumen de cuentos que recoge creaciones relacionadas con los niños: los Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles que publicó la imprenta Fontanet en 1877, y que se disponía a imprimir el último pliego de la obra cuando murió la autora. Fernán llevaba trabajando en él desde por lo menos 1862.

A pesar del predominio de los géneros infantiles, este segundo volumen es menos unitario que el primero, probablemente debido a la larga preparación del libro. Tres de las siete secciones en que se divide el volumen están dedicadas a los cuentos folclóricos: 21 «Cuentos de encantamiento», dos de los cuales no han sido catalogados en los índices tipológicos internacionales, 13 «Cuentos infantiles religiosos» de los que sólo puede asegurarse el carácter folclórico de cinco de ellos, y 3 "Ejemplos», uno de ellos es sin duda folclórico. De todos ellos existen versiones orales peninsulares que corroboran su tradición hispánica. Con una sola excepción: el cuento titulado "Benibaire" que desarrolla una versión alejada de la nuestra y se aproxima más a las versiones alemanas.

Una de las singularidades que dan cierta unidad a los cuentos del volumen y lo diferencia del anterior es el protagonismo de los niños o jóvenes en muchos de ellos. Los niños que aparecen en estos cuentos se comportan como adultos, realizan los mismos trabajos que ellos, actúan con el mismo grado de madurez, y, en la gran mayoría de los casos, responden al tipo de niño ejemplar.

La mayoría de los cuentos que contiene el grupo de los «cuentos de encantamiento» son de carácter maravilloso o cuentos folclóricos de animales. En nueve los protagonistas, donantes, agresores o simplemente personajes secundarios son actantes comunes en los cuentos maravillosos: reyes, reinas, princesas y príncipes, y en la corte de países lejanos tienen lugar muchas de las aventuras de los protagonistas. La condición de los personajes hace que, incluso cuando la trama del cuento no desarrolla ningún acontecimiento de tipo maravilloso, se consideren cuentos de encantamiento.

Las diferencias existentes entre los Cuentos y poesías populares andaluces (1859) y los Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles (1877) no estriban sólo en el carácter de los cuentos que Fernán incluye en cada volumen. Una de las características que más profundamente singulariza a cada uno es el estilo y la lengua utilizada. El carácter popular del primer volumen es sustituido en este segundo por un estilo pretendidamente dirigido al público infantil. A Fernán ya no le interesa mostrar el pensamiento popular, ni reflejar mediante la disposición del texto y la lengua la procedencia del cuento y la forma en la que son expresados. Los cuentos de este volumen son cuentos infantiles y deben reflejar aquello que más atraía a Cecilia del mundo de los más pequeños: el candor, la inocencia, las emociones tiernas y sencillas, y el inocente sentimiento religioso de los niños. Además debían transmitir todas aquellas enseñanzas morales y religiosas de manera simple, con un estilo natural, breve y sencillo, de fácil comprensión para los pequeños.

Por otra parte, es necesario destacar la irregularidad con la que Fernán Caballero reelaboró los cuentos que aparecen en este volumen. En la mayoría de ellos predomina la sobriedad, brevedad, sencillez y simplicidad. Fernán ha ampliado muy pocos detalles, como ocurre en "El lirio azul". En otros, especialmente "Los caballeros del pez", "El pájaro de la verdad" y "Bella-Flor", la presencia de la autora como reelaboradora del material es indiscutible, debido en los dos primeros casos a que habían sido preparados para la publicación en revistas.

A diferencia de los Cuentos y poesías populares andaluces (1859), en este volumen de cuentos abundan las fórmulas de entrada y salida, que son mucho mejor apreciadas por los niños que por los adultos. Fernán se aleja de la fórmula inicial más popular del volumen anterior, "Pues, señor...", para reproducir aquellas más propias al carácter de sus cuentos: "Había vez y vez...", "Había una vez...", y otras parecidas. Las fórmulas de salida son más comunes que en el volumen anterior y más variadas. La frecuente presencia de poesías o fragmentos cantados da también unidad al volumen, como el uso de diminutivos, que en muy escasas ocasiones aparece en el volumen anterior. Las comparaciones, hipérboles, refranes, modismos y frases hechas, frecuentes en el volumen anterior se utilizan en rarísimas ocasiones en este volumen. El propósito de Fernán al utilizar los diminutivos es provocar una reacción afectiva en el lector. La adjetivación es la común en los cuentos folclóricos. Las cualidades o los defectos de los personajes se marcan con uno o dos epítetos simples y extremos, que potencian los arquetipos y reflejan el maniqueísmo propio de éste género. Así, el dragón es "fiero", la vieja "fea" o "infernal", la reina "buena", como la princesa o los ayudantes del héroe, el príncipe "hermoso"... El uso de repeticiones y construcciones paralelísticas potencian la sencillez del estilo, además de facilitar con su esquematismo la comprensión y la memorización.

Muchos de los cuentos folclóricos que aparecen en este volumen han sido, si no alterados, sí reelaborados por la autora, dotándolos de una considerable enseñanza moral y religiosa, que llega a ser única y exclusivamente el núcleo de la sección de los «Cuentos infantiles religiosos». Esta es una de las grandes diferencias existentes entre los Cuentos y poesías populares andaluces (1859) y este volumen, en el que la presencia de la autora como reelaboradora del material folclórico con intención moralizante es mucho más sólida e intensa. Alteró la moral de alguno de los que forman la primera sección, los «Cuentos de encantamiento», efecto conseguido en unas ocasiones mediante la alteración de la trama o la adición de algunos episodios, en otras, de manera más sutil, a través de la incorporación de descripciones y caracterizaciones de índole moral: las cualidades físicas negativas están ligadas a las psicológicas y morales. En el caso de los «Cuentos infantiles religiosos» y los «Ejemplos», la presencia de algún personaje religioso contribuye a potenciar la devoción y la piedad religiosa. Pero, generalmente, la Fernán escritora impone en el texto una profunda función valorativa, que en ocasiones destroza el cuento folclórico, como es el caso de "El pan".

Por otra parte, también el cuento folclórico desempeña un papel merecedor de interés en la novelística de Fernán Caballero, sobre todo si se tiene en cuenta que, junto con los cuentos folclóricos, se introducen en sus obras juegos infantiles, adivinanzas, refranes, proverbios... y otros géneros etnopoéticos. La inclusión de cuentos largos o leyendas en las novelas potencian una de las deficiencias de la narrativa de Fernán Caballero, de la que están exentos los cuentos: el estatismo y la sucesión de cuadros, común en el costumbrismo. Sin embargo, cuando se trata de la incorporación de cuentos folclóricos breves y chascarrillos, Fernán utiliza la contextualización como procedimiento común para su inserción. Los chascarrillos son referidos en situaciones en las que vienen a colación, y en varias ocasiones, se introducen en el texto "en acción", es decir, mediante su dramatización. De esta manera el texto gana en comicidad, autenticidad y casticismo.

Noventa y seis son los cuentos folclóricos que Fernán Caballero recoge en sus obras. Cabe dudar del carácter folclórico de diez de ellos, como también esperar que nuevas aportaciones etnográficas señalen el valor tradicional de algunos de los cuentos insertados en las novelas que se presentan como recogidos del campo andaluz, pero de los que sólo existe la única versión de Fernán. El número de cuentos no es despreciable; sobre todo, si se tiene presente que se trata de la obra de la labor de la iniciadora de la recolección de cuentos folclóricos en España.

A pesar de que el objetivo de estas páginas ha sido una breve aproximación de esta faceta de la autora, no debe desgajarse de aquella más amplia en la que se incluye: la aproximación y estudio por parte de Cecilia Böhl de todo aquello relacionado con el pueblo español. En este ámbito se encuentra desde la literatura popular (cantares, cuentos, coplas, refranes, adivinanzas, fábulas...), pasando por sus usos y costumbres (fiestas, creencias, supersticiones, juegos, medicina tradicional...), hasta aquellos aspectos relacionados con las artes y oficios del pueblo. En fin, todos aquellos hechos relacionados estrechamente con el folclore.

Esta aproximación al pueblo obedece primordialmente a preocupaciones ideológicas y estéticas. Fernán parte de los presupuestos del romanticismo alemán y del tradicionalismo, que aprendió de sus padres, para buscar en el pueblo la identidad nacional y los valores perdidos. De ahí arranca su popularismo. El convencimiento de la progresiva pérdida de esos sentimientos caballerescos nacionales provoca el populismo que se desprende de algunas de sus obras. Las preocupaciones metodológicas y de orden científico quedaron fuera de su interés. Pero, aunque esta finalidad última reste cientifismo a la labor de Cecilia Böhl, no se altera por ello el mérito de ser la pionera en recopilar de manera directa y exhaustiva etnotextos en el campo andaluz.
 
© Montserrat Amores
Universidad Autónoma de Barcelona

Hecho con Plone CMS, el Sistema de Gestión de Contenidos de Fuentes Abiertos

Este sitio cumple con los siguientes estándares: