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Fundamentos teóricos y pautas metodológicas de la literatura folclórica en el aula

por Antonio Rodríguez Almodóvar

 

1. Los textos acarreados por la tradición oral, en su conjunto y como depositarios de una buena parte del pensamiento mito-poético de una comunidad, han constituido durante mucho tiempo un modo de pedagogía “natural” en el medio social ordinario, que facilitaba la adquisición del lenguaje, en su más amplio sentido, y de las consiguientes destrezas expresivas y comunicativas, entre los niños y de éstos con los adultos.

2. Una vez desaparecidas, o en trance de desaparición, aquellas situaciones en que de manera espontánea se producía este aprendizaje (principalmente la tertulia doméstica, la tertulia campesina, el patio de vecindad y la calle como espacio comunicativo), formulamos la hipótesis de que la escuela puede sustituir, al menos parcialmente, a esos ámbitos, y añadirles las peculiaridades propias del medio docente.

3. Esta posibilidad se asienta, por un lado, en la evidencia de que los espacios tradicionales han desaparecido y la sociedad no ha construido otros, alternativamente, y, por otra parte, en que la renovación pedagógica y los principios que la animan se acomodan con especial facilidad a los materiales folclóricos en tanto que recursos para la práctica de los nuevos métodos y objetivos en el aprendizaje conjunto de la lengua y la literatura; y como aspecto esencial en la formación humana y en el proceso de socialización de los niños y adolescentes.

4. Ello es así, en primer lugar, porque la lengua y la literatura conectan entre sí de modo “natural”, primario y primero, en la literatura oral. Hasta tal punto que los diversos materiales de este patrimonio colectivo se organizan al modo de una gramática, esto es, como un sistema de relaciones no siempre evidentes, pero cuyo dominio por el hablante (competencia) permite su reproducción y variabilidad en el acto de habla (caso de la estructura profunda descubierta por Propp para los cuentos maravillosos), de la misma manera que la organización interna de la lengua permite a los hablantes expresarse y comunicarse, con los cambios que requieren las distintas circunstancias de la comunicación. La relación, pues, entre lengua y literatura oral es algo más que un parentesco. En cierto modo, se podría entender como una misma realidad que se manifiesta en dos vertientes. Esta hipótesis cobra particular relieve en la observación de lo que eran los primeros años de vida del ser humano en aquella cultura que desarrollaba y fomentaba los textos de tradición oral. Desde las nanas y los juegos de dedos y manos, a los trabalenguas, las retahílas, las adivinanzas, los cuentos, las canciones de juego, etc., todos componían un verdadero y amplísimo sistema de aprendizaje en la lengua y en el universo simbólico y cosmogónico de la comunidad, al mismo tiempo. Incluso se hacía con una cierta secuenciación y combinatoria, en la que se graduaba de lo más rítmico y musical a lo más verbal y dotado de contenido (los cuentos), con especial desarrollo de las funciones apelativa, expresiva, lúdica, poética y referencial del lenguaje. Esta armonía natural entre lengua y literatura es lo que, de algún modo, trataríamos de reproducir hoy en el ámbito de la docencia, mediante determinadas estrategias didácticas.

Almodóvar 35. Al ir unidos los textos folclóricos a otros lenguajes, (principalmente el gestual, el entonativo, el musical y, en algunos casos el icónico), la didáctica de estos recursos puede y debe incorporar otras destrezas relacionadas con esos lenguajes, y en particular el recitativo, el mímico, el dramático y el plástico.

6. Por otro lado, la acusada tendencia de la literatura oral a los juegos verbales, al absurdo y a la fantasía, facilita un desarrollo de su aplicación didáctica por caminos de creatividad, que pueden apoyar el afianzamiento y el dominio de la lengua, de sus distintos registros, niveles de uso, etc., esto es, capacitando al alumno para la expresión verbal en múltiples direcciones.

7. Desde el punto de vista de la psicología del aprendizaje, los materiales folclóricos constituyen una suerte de gimnasia mental completa: memorización, desarrollo de la imaginación, de la facultad de interpretar discursos latentes, más un equilibrio emocional (provocado especialmente por el subsistema de la cuentística) y la maduración afectiva, como resultado de todo lo anterior.

8. La posibilidad de “simular” en el aula los espacios y los modos propios de la tradición oral y de extraerles sus potencialidades formativas no pueden apoyarse en los modelos de la pedagogía tradicional, deductivas, prescriptivas y canónicas, sino en otra de fundamento más constructivo, inductivo, y personalizado, que busque el aprendizaje significativo y las estrategias didácticas creativas, pues éstas se adaptan mucho mejor a la variedad, versatilidad, componentes lúdicos e imaginativos, y componentes psicológicos de la literatura oral.

9. Para ello, los nuevos métodos deberán partir del propio discurso del alumno, de lo que él ya sabe, en su ideolecto folclórico, aunque no sea consciente de ello ni lo tenga organizado (como tampoco es consciente de la lengua que habla) es decir, de una exploración previa en el alumno, al modo de encuesta, sondeo o similar. En paralelo, esta tarea deberá ir produciendo una impregnación del colectivo de alumnos en la materia que se persigue, que lo irá mentalizando, motivando, para la fase siguiente, que es la de investigación en el medio social y/o familiar, mediante un verdadero trabajo de campo que capacite a los alumnos para cualquier tarea semejante. A continuación se producirá la aportación de materiales al aula, para su estudio, empezando por la clasificación, y acabando en los múltiples ejercicios de recreación-creación ya aludidos, pero de modo especial aquellos encaminados a producir destreza en el cambio de códigos -del oral al escrito y viceversa-, y en buscar lo común en las versiones y variantes, como identificadores del grupo humano al que pertenece, de la misma manera que del habla coloquial se puede inducir una reflexión sobre el sistema de la lengua, sobre la norma social dominante o sobre los usos más adecuados a distintas situaciones.

10. La misma riqueza y variedad de las literaturas orales hace de este recurso en el aula un verdadero medio para intercomunicar disciplinas, y globalizar enseñanzas, esto es, de producir aprendizajes transversales, tal y como ocurría en la práctica cotidiana de la cultura popular, que en esto no hacía otra cosa que seguir la tendencia natural y primaria en el ser humano: intentar poner orden en el caos, introduciéndose en el mismo  hasta obtener una imagen operativa del mundo.

 

© Antonio Rodríguez Almodóvar

Publicado en El texto infinito. Ensayos sobre el cuento popular. Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Madrid, 2004. Publicado con autorización del autor.

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