Cambiar a contenido. | Saltar a navegación

Literatura de tradicion oral

Secciones
  background
Pancracio Celdrán
“La cultura oral no es repetición de creencias y costumbres, sino asunción de la historia común y voluntad colectiva de no olvidar”
bajo
Herramientas Personales
Usted está aquí: Inicio Entrevistas Pancracio Celdrán
Acciones de Documento

Pancracio Celdrán

“La cultura oral no es repetición de creencias y costumbres, sino asunción de la historia común y voluntad colectiva de no olvidar”

Pancracio Celdrán, otrora profesor de diversas universidades, se dedica en la actualidad a escudriñar con un entusiasmo no habitual las historias que habitan en las palabras, ya sean éstas tomadas como ejemplares independientes o como parte de agrupamientos sabiamente combinados. Especialmente de su gusto son aquellos términos y expresiones elegidos por almas anónimas y ancestrales que pusieron con su arte verbal los pilares del lenguaje.

Lo que Pancracio Celdrán va descubriendo en la memoria de la gente y de los libros vuelve a cobrar vida en las conversaciones cotidianas gracias a su labor divulgativa en el programa de Radio Nacional de España No es un día cualquiera y en innumerables libros sobre el particular, pudiéndose afirmar que el interés por los entresijos de la expresión oral ha tomado en España un camino ascendente gracias, entre otros motivos, a la forma que el profesor Celdrán tiene de presentar sus investigaciones.

Seguidores como somos de su obra y de sus programas radiofónicos, hemos aprovechado la publicación de El gran libro de los insultos para proponerle algunas cuestiones.

¿Cómo le gusta denominar a las creaciones orales anónimas del ser humano?

En mi opinión, esta materia está bien entendida bajo el sintagma ‘Literatura de tradición oral’. Detrás de la frase atribuida a Eugenio D'Ors según la cual lo que no es tradición es plagio, yace la verdad de que la tradición es envolvente, de modo que todo cuanto suponga evadirse de ella es traicionarse a uno mismo adoptando modos y modas ajenas, es decir, plagiando normas de vida impropias. Así pues, la cultura oral no es repetición de creencias y costumbres, sino asunción de la historia común y voluntad colectiva de no olvidar. La tradición es ese hilo de cobre que nos mantiene unidos a los principios de un pueblo, de una comunidad ancestral que continúa en nosotros; o, como decía alguien, las migas que Pulgarcito fue poniendo en el camino para que no perdamos la memoria colectiva.

¿Cuándo comenzó usted a interesarse por estos temas?

Siendo lector de Español en la californiana universidad de Berkeley, en Estados Unidos, pude observar cómo parte del éxito de ese país estribaba en la fidelidad de su población a las tradiciones nacionales de cada uno de los pueblos que amalgamados forman la Unión; allí las costumbres se observan rigurosamente. Mostré mi extrañeza al decano del Departamento de Lenguas Romances al respecto de lo paradójico de que un país de vanguardia viviera asomado a la retaguardia, y este me dijo: “Mire usted, la vanguardia es un concepto que no puede prescindir de la idea de retaguardia porque de no ser así no existirían ninguna de ellas. Fíjese en lo siguiente: el inglés colegio de Eton, fundado en 1440 celebra desde entonces el Día del Fundador el cuatro de Junio, y vinculan el rigor de esta observancia al rigor de sus planes de estudio. A quien pregunta el porqué de esta tradición, yo respondo escuetamente: ¡Tradition!”. Me pareció interesante la respuesta y comencé entonces (1967) a tener en cuenta el pasado como elemento fundamental para explicar el presente. Más tarde, siendo profesor de Historia Comparada en la Universidad israelí de Beer-Sheva, en pleno desierto del Negev, antesala del gran desierto del Sinaí, hablando con un famoso rabino, este me dijo: “Mire usted, quien no entienda que la tradición es el único cemento capaz de mantenernos unidos está incapacitado para comprender el hecho de la pervivencia de un pueblo que todos han pugnado por disgregar: el nuestro”. Hablamos sobre la naturaleza del término Masorah, de la raiz masor (transmitir), exactamente el mismo concepto que habita dentro de la etimología de tradición; y estuvimos de acuerdo en que eso es tanto como preservar del olvido o de la falsificación la integridad de la herencia cultural de los mayores. Claro, esta línea de pensamiento me pareció utilísima: el pasado, a través de la tradición, pervive y hace posible el futuro.

¿Qué puede aportar el conocimiento de la cultura oral al mundo actual?

Ayuda eficazmente a ver el mundo con los ojos heredados de quienes nos amaron para que a su vez nosotros dejemos en herencia esa cosmovisión. ¿Nos condenaría esto al inmovilismo; se opone al concepto de progreso? Todo lo contrario, como vio Marcelino Menéndez y Pelayo en La Ciencia Española. De hecho, la cultura popular es elemento auxiliar capital del progreso y explica por qué aparecen y mueren tan pronto los sistemas filosóficos. Efectivamente, romper con la tradición es partir de cero, regresar al nihilismo. Romper con la tradición es tanto como prescindir del esfuerzo colectivo del pasado por dotar al hombre de puntos de referencia, o arrebatarle la brújula que apunta al futuro. ¿Cómo hablar de futuro sin presente, o de presente sin pasado? Mos regit legem, la costumbre rige a la ley, dijeron los clásicos. Ese sentimiento arropó al hombre antiguo. La imposición de modas crecidas lejos del regazo de la memoria da como fruto la dispersión social, la disgregación social, la atomización de las expectativas del corazón del hombre. Por eso Valle-Inclán, que lo sabía, dice en su Sonata de Otoño: “Yo fui siempre defensor de la tradición por estética”. Ese es el gran aporte de la cultura popular, de la cultura tradicional al tiempo moderno.

¿Qué opina de la atención que se le presta a la cultura popular en nuestro país? ¿Y cómo ve usted este panorama desde su participación en un exitoso programa de radio a nivel nacional? Pues se observa una gran sensibilidad en el mismo hacia el lenguaje cotidiano y las tradiciones orales.

Creo haber sido el primero en difundir, de una manera seria y documentada, estas cosas en la radio española. Usted me pregunta por el programa No es un día cualquiera, de Radio Nacional de España, Radio-1, dirigido por una excepcional periodista y mujer cultísima (me refiero a Pepa Fernández), programa dos veces galardonado con el Ondas. Pues bien, desde hace casi una década hablo en sus micrófonos de distintos aspectos de la cultura y lengua populares a través de diversos espacios: Frases y Dichos Populares, Consultorio lingüístico, Explicación de términos elogiosos e insultantes, Historia de las cosas de la vida diaria, Características biográficas de los grandes hombres del mundo clásico, etc. Bien, toda esa labor, llevada a cabo con asiduidad hebdomadaria, ha puesto en el ánimo de una numerosa audiencia la importancia de estas cosas. En cuanto a la lengua castellana, es el único espacio radiofónico donde se la atiende de manera esmerada por gente de gran formación, como Pilar García Moutton, Álex Grijelmo, yo mismo y otros. Es un trabajo serio que goza de favor popular.

¿Se sigue viendo el lenguaje creativo oral de la misma forma que los románticos del diecinueve o hemos evolucionado al respecto?

Desde la Antigüedad son numerosas las compilaciones, florilegios, silvas de varia doctrina y manuales que han tratado el lenguaje y saber popular en múltiples fórmulas. En castellano la materia paremiológica fue base de la literatura medieval más pujante: Barlaam y Josafat, adaptación al castellano de la leyenda de Buda; Calila e Dimna; Castigos y documentos del rey don Sancho; el Conde Lucanor; el Libro de los Gatos... hasta llegar al Marqués de Santillana con sus Refranes que dicen las viejas tras el fuego. Los humanistas del Renacimiento se centraron en el tema y aparecieron Cartas en refranes, de Blasco de Garay (1541); Refranes y proverbios en romance (1544) de Hernán Núñez; la Philosophía Vulgar, de Juan de Mal Lara (1568). En La Celestina, en Santa Teresa, en el Lazarillo, en Timoneda, en Cervantes, en Quevedo con La visita de los chistes o Cuento de cuentos, y sobre todo en Sebastián de Covarrubias y el Maestro Correas. La corriente romántica del siglo XIX valoró lo popular, puso de moda el gusto por los dichos y se sacralizó todo cuanto provenía del alma ancestral de los pueblos. Celdrán 2Surgieron folcloristas como José María Sbarbi con su Refranero general español (1874) y Monografía sobre los proverbios, refranes y adagios (1891), y la gran figura de Francisco Rodríguez Marín. La tarea de recogida de aquel material la emprendió Martínez Kleiser en su Refranero General Ideológico Español, árbol frondoso del que muchos han hecho leña y dinero publicándolo bajo su nombre una vez disfrazada la procedencia. En nuestros días no parece haber un cultivo especial de esta materia, aunque el folclorismo, la tradición popular a escala local, el fomento de su estudio va cobrando cierto auge. Pero no se toma en serio, es decir, se enfocan las cosas desde un punto de vista poco riguroso. Yo mismo he publicado un Diccionario de frases y dichos populares, y un Gran libro de los insultos españoles, donde se recoge gran variedad de sabiduría popular transmutada en dicterio.

A propósito de su libro sobre los insultos, ¿somos los españoles aficionados a insultar a las primeras de cambio?

No existe un gusto por el insulto, a menos que la criatura en cuestión padezca el llamado síndrome de Tourette, que se manifiesta por la pulsión permanente que un individuo tiene hacia el insulto inmoderado e injusto. Fuera de ese caso patológico se puede hablar de grados de competencia y conocimiento del léxico insultivo. La tradición hispánica es fértil en relación con el amplio y complejo mundo del insulto, con la singularidad de sus tontos, pícaros y mentecatos, bobos, truhanes y necios de todo pelaje. Como recuerda Juan Rufo, y la Biblia afirma en lo que a los tontos respecta, cada día que amanece el número de bobos crece, por lo que su número es infinito. El sabio rabino de Carrión, Sem Tob, en sus Proverbios morales, mediado el siglo XIV, se hace eco de esa misma realidad, y utilizando la voz 'torpe' como sinónimo de necio, afirma: "Que los torpes mil tantos / son (más) que los que entienden, / e non saben en cuántos / peligros caer pueden".

¿Qué intencionalidad prima en el insulto: la venganza, el odio, la burla, el divertimento, el ingenio…?

Dice el libro sagrado que ex abudantia cordis os loquitur, es decir, la boca rebosa de aquello que abunda en el corazón. El insulto es una respuesta no física al menoscabo que se nos hace en nuestra honra, nuestra hacienda o nuestra vida amorosa y social, situación ante la cual saltamos como un resorte y lanzamos un racimo de palabras injuriosas para desfogarnos. Peor cariz toma el insulto que nace de creerse uno mejor que otro, o de creer a otro peor que uno; la peligrosa ofensa de connotaciones racistas o xenófobas, en que se tiene en cuenta el color de la piel, los factores sanguíneos, la religión o la cultura. Tremendo cariz toma el alma de quien se complace en contemplar el escarnio ajeno, como apunta Juan de Zabaleta en El día de fiesta por la tarde (1664), donde se lee: “¡Oh dulcísimo sabor el del escarnio ajeno...! Gustamos de los defectos de los otros, porque parece que quedamos superiores a ellos...”.

El insulto es una defensa hecha mediante un ataque verbal, pero no debemos olvidar que insultar no está al alcance de cualquiera, y que a veces es cierto el dicho ciceroniano: Accipere quam facere praestat iniuriam, que en castellano vale: “Mejor cosa es sufrir el insulto y padecer una injuria, que hacerla uno”. Sócrates, habiendo recibido en cierta ocasión un insulto, seguido de puntapié, exclamó, no dándose por aludido: “¿Acaso si me hubiera dado una coz un asno, me enfrentaría a él...?”.

¿Sirve el insulto como prevención de la violencia física o acaso la estimula?

Como expresión del descontento y de la contrariedad el insulto es un instrumento útil ya que permite alzarnos contra el estado de cosas en el que nos sentimos atrapados; es un tubo de escape que evita, como en el caso de las ollas a presión, que todo acabe estallándonos en las narices. Un '¡Cabrón!' dicho a tiempo acaso sea bueno tanto para el cabrón en cuestión como para quien ha de aguantarlo, ya que así el insultador saca afuera el veneno, y el insultado se libra de una patada en salva sea la parte. Insultar es catártico y liberador. Desde luego, casi siempre evita llegar a las manos. En ese sentido es un recurso civilizado, psicológicamente plausible y recomendable. “Dame pan y dime tonto”, decía uno, y decía bien: siempre hay que salvar lo más importante, la integridad física. El insulto es un tubo de escape mediante el cual dejamos de acometer físicamente a la persona que nos enoja u ofende; gracias a estas criaturas léxicas de ancestral historia el número de espinillas rotas es inferior a lo que en su defecto sería.

Y es que a menudo el insulto se presenta como recurso insoslayable: es necesario echar mano de él porque Cervantes ya sospechó que los hombres somos como Dios nos hizo, y a veces peor, por lo tanto, tarde o temprano nos hacemos merecedores de que nos recuerden de qué pie cojeamos. La contemplación de la maldad saca de sus casillas incluso a los santos. Algo hay que hacer para salir al paso de la injusticia, la maldad, el abuso, la ruindad…, y  para no tener que hacerlo con palos y piedras el insulto se presenta como válvula reguladora de la tensión interior producida por esa legión de tocapelotas, idiotas, fantasmas y cabrones que ponen cerco a nuestro ánimo, agotan nuestra paciencia y consiguen que nos subamos por las paredes. Siempre pensé si acaso no tenía razón Miguel de Unamuno cuando aconsejaba a sus alumnos: “Si en vuestro camino se cruza un imbécil, gritadle imbécil y seguid adelante”.

Por otra parte, y ya que he mencionado una anécdota del gran rector salmantino diré que el insulto, cuando metido en un discurso ingenioso, es un modo de quitar hierro a las situaciones encrespadas. Se cuenta de Valle-Inclán que en una de sus muchas trifulcas de café alguien defendía la obra dramática de José Echegaray a pesar de que la animosidad de Valle-Inclán contra este escritor era conocida. Valle, ni corto ni perezoso, llamó ‘pedazo de bruto’ al partidario del famoso Premio Nóbel, y como el caballero en cuestión alzara el bastón y jurara que le golpearía si no retiraba lo dicho, Valle-Inclán dijo: ‘Bueno, retiro lo de pedazo’.

No son menos aceradas las mujeres. Cierta dama de la aristocracia madrileña fue a visitar a la Condesa de Campo Alange y, no encontrándose esta en su casa y al observar la visitante que el piano estaba lleno de polvo, escribió sobre la tapa la palabra ‘cochina’. Se encontraron ambas señoras al cabo de algún tiempo en el saloncito de una amiga y como la aristócrata que visitara la casa del condesa de Campo Alange le dijera que había estado en su casa para saludarla, esta le contestó con segundas: ‘Sí, querida, vi tu tarjeta de visita sobre el piano’.Celdrán 3

Otras veces el insulto es de calado más peligroso, ya que se fija en diferencias culturales y religiosas. El filántropo judío italiano Moisés Haim Montefiore, que murió ya centenario en 1885, solía cenar con todo tipo de gentes, por lo que en cierta ocasión lo hizo con un conocido antisemita que tras deshacerse en insultos contra los judíos le dijo: “¿Ha estado usted en el Japón, señor Montefiore? De no ser así le recomiendo que visite un país maravilloso en el que no hay ni cerdos ni judíos...”. Montefiore recogió el guante, y respondió con calma: “Pero deberíamos ir juntos, ya que de esa manera los japoneses podrían contemplar una muestra de ambas especies...”.

¿Y se puede decir que se ha producido una evolución histórica en el insulto?

Más bien ha habido una erosión semántica. Se trata este de un fenómeno mediante el cual un término que nació como insulto se convierte en elogio. Veamos el caso de la palabra ‘guapo’: Nadie esperaría que fuera insulto en su origen, como su procedencia etimológica le asigna, ya que procede de la voz latina vappa (bribón, granuja). El término arribó al castellano procedente del francés antiguo gouape (soso, holgazán). Con el significado de rufián, valentón de taberna y chulo de putas fue de mucho uso en los siglos de oro. Sin embargo experimentó una evolución hacia lo positivo: de rufián a galán, lo que se explica porque eran gente bien parecida y valiente, como es de esperar de quien ha de dar la cara en defensa de su negocio (la puta cuyo cuerpo gobernaba).  El chulo vestía bien, era bien parecido, por eso, como término expresivo de belleza y bizarría, ya empezaba a ser frecuente en el siglo XVIII. 

¿Qué condiciones debe cumplir un buen insulto, si es que puede hablarse de insultos buenos y de insultos malos?

El insulto debe ser como el traje: cortado a la medida. A quien es solamente memo no es justo cargarle con la responsabilidad de ser también un cabrón o un hijo de la gran puta. El insultador inteligente se ciñe a la realidad del insultado, sin pasarse, ya que excederse en el insulto es injusto. Para insultar con propiedad y conocimiento es necesario conocer bien el léxico, y esta obra mía ayudará ciertamente a ello, es decir, a dar a cada cual lo suyo en ese delicado ámbito. En el campo del insulto pasa lo que en el del léxico en general: la gente se arregla con tres o cuatro cosas, las justitas para andar por casa o para salir a la puerta. Esa pobreza en el vocabulario hace que no se conozca el término adecuado para cada situación, para cada villanía, para cada limitación y torpeza. Con media docena de insultos salimos del paso: tonto, gilipollas, maricón, cabrón, imbécil, hijo de puta. Es claro que el panorama del alma humana es mucho más complejo que sólo eso: cada insulto menor va matizando el grado de insultabilidad de las personas. Hay que partir de un hecho: todos merecemos, en un momento u otro de la vida, ser tildados de unas cuantas cosas poco gratas: está en la naturaleza de las cosas, pero es claro que no debemos decir una palabra por otra.

¿Tiene algún libro en camino?

Celdrán 4Uno siempre está haciendo cosas: es la propia inercia de la vida intelectual. Desde los 24 años ando en estas cosas del profesorado, la divulgación, la creación. La niña de mis ojos en estos momentos saldrá a la luz en febrero con el título de Hablar bien no cuesta tanto, publicado por Temas de Hoy, de Editorial Planeta, donde ya publiqué hace un par de años Hablar con corrección. Ambos libros se proponen ayudar al hablante a salir airoso de trances de esa naturaleza. Para la feria del libro preparo, para la editorial La Esfera de los Libros, El Gran libro de los inventos útiles, para finales de mayo, en la feria del libro de Madrid. Que Dios los mire con agrado y les dé tanta suerte como tuvieron otros libros míos en esa jungla bibliográfica que es el mercado de libros en nuestra patria.

Entrevista realizada por Juan Ignacio Pérez (juanignacioperez@weblitoral.com)

© Asociación LitOral, noviembre 2008

profesor Pancracio Celdran

Enviado por Paco Fernandez Fernandez en 29/11/2008 22:25
Estupenda entrevista; claro que con un personaje como ese la suerte está asegurada. Don Pancracio es fenomenal, y sus libros lo avalan. Bravo por haberle sabido sacar jugo, señor redactor de LITORAL. Desde luego me voy a comprar los libros reseñados. Soy bibliotecario municial de Móstoles, en Madrid. y colgaré la Entrevista en el tablón una vez impresa.
Saludos cordiales.
Francisco F. Fernánez

Pancracio Celdran Gran libro de los insultos

Enviado por Ramon Ramirez Ramos en 30/11/2008 21:28
Hola, amigos!!!! El libro de insultos del prof. P. Celdran es una labor de benedictinos, es decir: obra de muchos años de recogida de datos, de trabajo filológico puro, de documentación de uso, en fin, estoy abrumado al pensar cómo una sola persona ha podido emprender tal obra, de tal envergadura y tan seria. Le felicito, y a vosotros por una entrevista verdaderamente buena. Estaré al tanto de vuestro trabajo, amigos.
Ramon, en vacaciones en Huesca.

Entrevista al profesor CEldrán Gomariz

Enviado por loenzo meyer en 01/12/2008 17:32
Apreciados amigos de LITORAL, entrevistas a personas sencillas y sabias son rara avis en nuestro tiempo, donde se entrevista a gente de poco pelo y a veces incluso a gentuza. Muy bien que fomenteis la cosa del pueblo, su cultura, su saber. Me encanta por todo ello las palabras de don Pancracio. Gracias por la entrevista, tan amena y tan inteligentemente hecha.
Saludos. Os sigo.
Lorenzo

Entrevistado: Pancracio Celdran

Enviado por Marcos Gutierrez Mina en 03/12/2008 15:40
Muy lucida la entrevista a este señor. Se ve que sabe de lo que habla, pues lo hace con tanto respeto y con tanta humildad que a la furza tiene que ser un hombre de mucho saber. Yo leo la pagina que firma en la revista El Semanal los domingos, en el supletorio de ABC. Creo que tengo algun libro suyo, uno titulado Cien historias de amor. Lo que dice sobre la tradicion es muy interesante.
Gracias por esa entrevista aleccionadora.
P. Gutiérrez
Guadalajara

Cultura Popular

Enviado por antonio de los rios en 07/12/2008 21:20
Resulta reconfortante oir cosas como las que dice Pancracio Celdran. Su visión de la cultura popular es aleccionadora y dicha por un profesor como él resultan estimulantes. Desarrollada muy inteligentmente la entrevista ha quedado tan bien que ni una coma sobra ni falta. GENIAL trabajo. Del personaje tengo noticia por ser lector de alguno de sus libros. Me encantó Hablar con corrección. Estimo que a personas de tan importante calado intelctual y humano hay que sacarlos al ruedo con frecuencia. Bravas palabras las de este sabio.
Saludos cordiales.
Antonio de los Ríos
Profeso de Bachillerato

Pancracio Celdran, entrevista

Enviado por maricarmen lopez marugan en 22/12/2008 18:22
Me ha sorprendido muy gratamente la lectura de esta entrevista, pues he oido mucho hablar sobre el personaje, que habla en radio nacional y escribe en la revista dominical El SEmanal. Ha sido una delicia leer sus pensamientos y sus ideas sobre algo que me gusta tanto como la cultura popular. Don Pancracio ha dado muchas conferencias sobre ese asunto pues le oi una en Burgos. ¿Podrían decirme si ese señor va a escribir en esta revista LITORAL que ustedes publican?
Muchas gracias
Lecotra de don Pancracio y oyente suya desde VALENCIA

Hecho con Plone CMS, el Sistema de Gestión de Contenidos de Fuentes Abiertos

Este sitio cumple con los siguientes estándares: