José Nieto
“La cultura popular ha servido para proveer de soluciones tecnológicas, creativas y estéticas a los retos cotidianos”
Si hay nombres vinculados a la divulgación de la tradición oral en Andalucía, uno de ellos es el de Andaraje. Un grupo musical con varias décadas de actividad cuyo nombre supone poco menos que una marca de calidad certificada en el ámbito del folklore. Su dedicación, los frutos de su trabajo, su profesionalidad, nos llevaron hace unos meses a entrevistar a su alma musical (Jesús Barroso) y ahora nos ha llevado junto a quien ha estado encargado desde sus comienzos de recoger, analizar, catalogar y poner en su sitio los textos de su repertorio: José Nieto.
Médico de profesión, podemos decir que José Nieto es un investigador del folklore que actúa por convencimiento propio, por puro placer y por pleno compromiso con la cultura que lo vio nacer y crecer. Un ejemplo de lo que tantas veces ha ocurrido en el estudio de la cultura popular: pueden tanto las querencias personales que, se esté donde se esté, falta algo si no se baja (o se sube) al pueblo a reencontrarse con las palabras que nos alimentaron. Si después se analizan con rigor y encima son devueltas de forma artística a la gente que las olvidó, la relación entre pasado, presente y futuro acaba cobrando mayor sentido del que antes tenía.
Pepe, en primer lugar nos gustaría saber en qué momento concreto arranca vuestra decisión de dedicaros a la tradición popular.
Hay que instalarse en el contexto de la España de los primeros años setenta: el desarrollismo, la atracción por la modernidad, el magnetismo de lo urbano entendido como sinónimo del progreso, la sensación de que todo lo foráneo era bien recibido porque suponía una inyección de aire fresco al sombrío panorama de la cultura oficial. Y, en el otro extremo, el mundo de lo rural, campesino, iletrado (que no inculto), era considerado cateto, trasnochado, palurdo… Me parecía una simplificación absolutamente irreal y, sobretodo, injusta. Se iniciaba por aquel entonces un nuevo modo de entender la cultura y a valorar nuestro patrimonio en toda su dimensión. En eso estábamos cuando decidimos iniciar aquel proyecto al que llamamos Andaraje.
¿Por qué crees que en España, en un contexto de modernización, se tenía aún ese concepto decimonónico de la cultura tradicional?
A esa imagen distorsionada y devaluada de lo popular contribuyó de manera decisiva la organización del Estado de la dictadura franquista y su apuesta decidida por servirse del folklore musical como una herramienta para difundir y promover una visión trasnochada, inmovilista y caduca de lo que ellos consideraban “la tradición”; cuando la realidad no coincidía con sus fines simplemente la reinventaban. Nuestra apuesta era la reivindicación de la cultura popular como parte fundamental de un patrimonio que ha servido para proveer de soluciones tecnológicas, creativas y estéticas a los retos cotidianos.
Y entre lo trasnochado, lo distorsionado y lo vigente, ¿qué manifestaciones sientes que están aún vivas en Andalucía?
En este sentido aún soy moderadamente optimista: en la pervivencia de la cultura oral sucede como en el mundo del teatro, “desde siempre” se habla de su crisis, de la carencia de salas, del público, de la crisis de creadores… el caso es que dos mil años después aún nos conmovemos con los actores en la palestra. Pensemos, si no, en los razonamientos que hacían Demófilo y Williams Thoms a mediados del siglo XIX para justificar su interés por el estudio y rescate de una serie de materiales que se perdían irremediablemente. Todo cambia, la cultura oral lo hace por definición (es su esencia) y a veces puede faltarnos perspectiva para valorar esos cambios; en cualquier caso, el lenguaje va íntima y directamente ligado al pensamiento; ambos, pensamiento y lengua, nos acompañan siempre… y vuelta a empezar.
¿Y habría que cambiar las palabras para poner en valor este patrimonio atemporal?
No creo que sea necesario cambiar las palabras. Antes os comentaba cómo comenzó nuestro empeño hace treinta y siete años por cambiar el concepto de “tradición igual a cateto y conservador” y dar a conocer lo evidente, que por su naturaleza es esencialmente cambiante, adaptativa y, bien entendida y respetada, dignifica a los pueblos.
Personalmente, ¿qué género o manifestación te interesa más?
A estas alturas la respuesta está cantada: la música, claro. Creo que todos los que nos autodenominamos folkloristas hemos utilizado la misma puerta de entrada para el estudio de la cultura oral, a todos nos sedujo, inicialmente, la música popular y a través de ella fuimos conociendo e interesándonos por otros aspectos como la literatura, la arquitectura, la folk-medicina, la mágica-creencial, etc. Al comienzo, todo eran deseos de conocer, espacios por descubrir, campos y disciplinas que nos asombraban, total, un mundo. Afortunadamente, los más jóvenes, que continuaron aprovechando esta brecha, comenzaron con la sistematización y especialización de todas estas áreas del conocimiento a las que nosotros servimos, fundamentalmente, como divulgadores y agitadores.
Y dentro de las composiciones musicales, ¿dónde encuentras mayor interés, en los textos o en las melodías?
Esa pregunta tiene trampa, es como aquella otra que tantas veces se escucha: “¿A quién quieres más, a papá o a mamá?” o preguntar si tienes algún hijo favorito… Yo no soy capaz de entender una cosa sin la otra en la mayoría de las ocasiones y siempre disfruto de ambas. ¿A vosotros no os pasa igual?
Vayamos, entonces, a un terreno en el que la música vive sin compañía de palabras: nos gustaría conocer algo sobre ese interés tuyo por el tañido de las campanas. Vemos que en países de Centroeuropa fue un arte mayor con el desarrollo de los carrillones, pero aquí su valor parecía algo olvidado. ¿Qué descubrimientos nos puedes contar al respecto?
El inicio del estudio con el diseño del trabajo de campo, programando entrevistas directas con los informantes, me puso en la evidencia de encontrar únicamente a dos campaneros vivos y con recuerdos de los diferentes toques de campanas en Sierra Mágina: yo mismo y Jesús Barroso Navarro, organista y maestro de música de la Parroquia de Jódar, padre de mi compañero de tantos años, Jesús, y lógicamente conocedor experto de los toques locales. Ese trabajo sobre las campanas de Jódar lo publicaron hace pocos años Jesús Barroso e Ildefonso Alcalá en la Revista de Folklore, que dirige Joaquín Díaz.
Es una pena, pero hay que reconocer la evidencia: en toda aquella comarca no queda ni un solo campanario que esté gobernado por cuerdas y con toque manual; no sólo se ha electrificado el tañido, el mecanismo de percusión, sino que se han automatizado los toques, uniformándolos, y en bastantes casos el sonido es directamente digital…”Sic tranxit gloria mundi.”
Otra parcela que te concierne: ¿Qué relación tienes como profesional sanitario con la medicina popular transmitida oral y extraoficialmente?
Siempre me ha interesado de manera poderosa la folk-medicina porque esta forma de conocimiento que es el empirismo ha sido fundamental para solventar los problemas a los que se enfrentaban las comunidades rurales apartadas y sin otros recursos disponibles. No sólo ha salvado vidas sino que ha mejorado la salud de las personas a lo largo de miles de años. Lógicamente, no constituye una magnitud que sirva de elemento de comparación con la medicina llamémosla oficial porque están basadas en sistemas de conocimiento diferentes aunque con una misma finalidad; lo que sí ha hecho la medicina oficial ha sido, en numerosas ocasiones, explicar y aseverar los mecanismos por los cuales determinadas prácticas de la folk-medicina funcionan: identificando los alcaloides activos de determinadas plantas, comprobando el poder regenerador de otras, detectando antibióticos naturales en otras sustancias… En realidad han sido, y creo que lo seguirán siendo, complementarias.
Recientemente habéis celebrado el aniversario de vuestro grupo con una gira de conciertos...
La verdad es que da un poco de vértigo pararse un instante y mirar hacia atrás para ver treinta y cinco años de trabajo, conciertos, grabaciones, entrevistas con los informantes, viajes, muchos kilómetros y muchos amigos. Ya llevábamos varios años apartados de las actuaciones en directo cuando a los responsables de la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes (como sabéis, otros pioneros en el estudio y divulgación de la cultura oral) se les ocurrió la idea de montar un concierto que dieron en llamar “Grupos Históricos” y ahí nos tienes a Andaraje, Raíces, El Caldero, Almadraba…, y el resultado de esa noche fue decidirnos a realizar una minigira para celebrar en el año 2007 nuestro trigésimo quinto cumpleaños.
Fueron, en total (no lo recuerdo bien), unos doce o quince conciertos en los que, sobre todo, quisimos regresar a los lugares que, por diferentes motivos, nos marcaron los primeros años: Rute, Madrid, Granada, Córdoba, Peligros… y Jódar, siempre Jódar. No soy capaz de destacar ningún lugar en particular del resto de la gira a no ser por lo que me han hecho recordar estos lugares: ya hace treinta y cinco años fueron un hito en nuestra trayectoria. Todos los conciertos, todos y cada uno de los lugares en los que actuamos, fueron especiales durante ese año.
Por último, ya que estamos en una publicación que se dedica sobre todo a las palabras legadas por medio de la tradición oral, nos gustaría conocer uno de esos textos o temas que te emocionan o que significó algo excepcional encontrarlo.
¿Ves tú? Ahí siempre ocuparán un lugar especial aquellos primeros viajes pertrechado de mochila y magnetófono Philips para entrevistarme con los que a la postre resultarían ser mis primeros informantes: la Cuadrilla de Ánimas de Gójar y, cómo no, mi primer romance en la boca de la Chacha Ana Josefa, una versión de “La doncella guerrera” en Jódar. La verdad es que para empezar no estuvo nada mal, quizá eso explique mi “enganche”; debí pensar: si esto ha sucedido la primera vez, qué vendrá luego…
Y luego vino toda esta historia que ya conocéis de treinta y cinco años dando la lata a diestro y siniestro con la tradición oral y la música tradicional pero, como decía aquel, “esa ya es otra historia”.
La doncella guerrera
(Andaraje, Romances tradicionales de la provincia de Jaén. 1990)
El rey ha mandado un bando
desde Castilla a Aragón,
que penada vida tiene
el que no tenga un varón.
Un padre tenía seis hijas
y de ellas ningún varón,
la más chica le decía:
padre de mi corazón,
padre, cómpreme un caballo
un caballo muy veloz
que voy a pelear con el moro
con el moro peleo yo.
Y ese pelo tan hermoso
es de hembra, no de varón
padre tráigame un barbero
un barbero afeitador.
Y esos ojos tan hermosos
son de hembra, no de varón,
padre, cuando a mí me miren,
al suelo los echo yo.
Y esos pechos tan preciosos
son de hembra, no de varón,
padre, cómpreme un corsé
un corsé ajustador.
Se ha montado en su caballo
y en los montes se perdió,
y se presentó en las filas
con el moro peleador.
Estando un día peleando
la espada se le cayó
y por decir pecador
dijo pecadora yo.
Y en esto que el rey estaba
estas palabras oyó,
con su caballo y su espada
hacia palacio marchó.
Madre, mi querida madre,
de pena me muero yo,
que el caballero don Marcos
es hembra, que no es varón.
Convídalo tú, hijo mío,
contigo a beber un día
que si ella fuera mujer
contigo no bebería.
Ya lo he convidado, madre,
conmigo un día a beber,
yo me he bebido una copa
y ella se bebió un tonel.
Pues convídala, hijo mío,
contigo al río un día
que si ella fuera mujer
al agua le temería.
Ya la he convidado, madre,
un día al río a bañar,
yo me he quedado en la orilla
y ella se bañó en mitad.
Convídala tú, hijo mío,
a la ciudad a comprar,
que si ella fuera mujer
a la seda ha de tirar.
Ya la he convidado, madre,
conmigo un día a comprar,
yo me he comprado la seda
y ella se tiró a un puñal.
Convídala tú, hijo mío,
al huerto a pasear,
que si ella fuera mujer
las rosas le han de gustar.
«To’s» los caballeros, madre,
nos comimos las manzanas
y el caballero don Marcos
pretendía a la hortelana.
Convídala tú, hijo mío,
contigo a dormir un día
que si ella fuera mujer
la luz te la apagaría.
Carta, he tenido carta
de mi hermana la mayor,
que mi padre está muy malo
y le van a dar a Dios.
Quédate con Dios, mi rey,
que me voy para mi tierra,
cuatro años te ha servido
esta preciosa doncella.
© Asociación LitOral, febrero 2009