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José Manuel Pedrosa

"Todo documento, toda versión que se alcance a arrancar del olvido es única y crucial"

José Manuel Pedrosa, profesor de Literatura en la Universidad de Alcalá de Henares, bucea con asiduidad en el mar de la memoria y es capaz de rescatar de las cuevas más ocultas los viejos textos que enlazan unas culturas con otras y al ser humano con su más profunda realidad. Sirenas, héroes, santos, brujas, fantasmas y animales fabulosos campean a sus anchas por las obras que publica, en las que podemos encontrar cuentos centroafricanos, rusos, centroeuropeos o andaluces, leyendas urbanas de rabiosa actualidad junto a poemas orales de Madagascar y canciones sefardíes, conjuros, oraciones y hasta “La historia secreta del Ratón Pérez”, título de uno de sus últimos libros en la editorial Páginas de Espuma.
Sin temor a equivocarnos, podemos decir que si en cualquier rincón del mundo hay alguna tradición oral susceptible de ser estudiada y sacada a la luz, hasta allí intentará viajar (o habrá viajado ya) José Manuel Pedrosa. A su vuelta, además de la publicación de sus investigaciones, nos dejará nuevos argumentos que apoyen su sincera visión del panorama actual de la etnoliteratura, un tema controvertido sobre el que nos habla en esta entrevista.

¿Qué significa para ti la tradición oral?

Para mí, la tradición oral es la parcela más rica, variada e interesante de la literatura, la que más y mejor se impregna de los valores identitarios y la que con más inmediatez transmite la visión del mundo que tiene la comunidad que la transmite. Es, además, la más viva, natural, espontánea, cambiante...

¿Desde qué punto de vista te gusta valorarla: afectivo, intelectual, histórico, literario (estético)...?

Desde el literario, el antropológico y el sociológico. La interpreto más como expresión de cultura que como expresión textual de literatura. A pesar de que, en teoría, soy profesor de Literatura.

¿Crees que aún es posible la recopilación de datos que arrojen nuevas luces sobre contenidos, formas, temas, etc.?

Desde luego que sí es posible. He hecho encuestas de campo muy intensas en lugares de América y África donde la tradición, incluso la épica, está muy viva. Y en España todavía es posible recoger géneros muy vivos (leyendas urbanas, canciones, juegos, chistes, etc.). Todo documento, toda versión que se alcance a arrancar del olvido es única y crucial.

¿Y consideras importante que los ciudadanos de hoy conozcan los viejos textos que proceden de la tradición oral?

Me parece esencial para que conozcan sus raíces y su cultura. La literatura oral debería tener mucha mayor presencia en los curricula escolares de la que tiene (que suele ser ninguna).

pedrosa2.jpg¿Qué texto destacarías de la tradición oral hispánica y por qué?

Mis favoritas son las leyendas, porque es el género menos conocido, menos estudiado, menos sistematizado. En particular, me han interesado las leyendas épicas (sobre el Cid, los Infantes de Lara, la Condesa traidora de Castilla, etc.,) que he recogido en muchos lugares de España. Y también las leyendas sobre seres sobrenaturales (duendes, gigantes, brujas, sirenas, etc.).

Has recogido cuentos, leyendas, mitos, conjuros y un largo etcétera por toda España. Ante esta amplitud de géneros y espacios: ¿Qué tipo de textos te sorprenden más y por qué?

Me sorprenden mucho las leyendas urbanas, porque están muy vivas y han sido sistemáticamente ignoradas y despreciadas por los folcloristas. Son además muy interesantes desde muchos puntos de vista, incluidos el ideológico y el psicológico.

¿Dónde te has encontrado con el texto que nunca imaginaste que ibas a hallar?

En Guinea Ecuatorial. Allí encontré poemas épicos, en lengua fang, que me dejaron muy impresionado. Y en el Chaco argentino-boliviano, donde recogí historias de vida que me narraron ancianísimos buscadores de tesoros, algunos de ellos todavía en activo.

¿Cómo planteas tu trabajo de campo?

Como algo muy práctico, coloquial, inmediato, nada ceremonioso ni intimidatorio hacia los informantes. No uso manuales de encuesta (excepto los mentales) ni cuaderno ni bolígrafo, y procuro que la grabadora se vea lo menos posible.

¿Qué grado de colaboración encuentras en los informantes?

Cada informante es un mundo. Algunos son extraordinariamente amables, y otros son muy tímidos y a veces un poco huraños.

En Andalucía has desarrollado buena parte de tu labor investigadora. ¿Qué destacarías de esta zona en cuanto a temas, formas, intenciones...?

Es una tradición verbalmente exuberante, donde se pueden recoger versiones detalladísimas y preciosas de cuentos, leyendas, canciones difíciles de encontrar en otro lugares. Me parecen muy interesantes y originales las canciones de trabajo andaluzas (por ejemplo, las del olivar), las canciones de columpio, que no es fácil encontrar en otros lugares, etc. También las oraciones, conjuros y ensalmos andaluces suelen ser muy llamativos.

¿Podrías señalar algún texto significativo de esta zona?

La leyenda del tesoro del adarve del castillo que recogí de informantes de Priego de Córdoba. Una maravilla importantísima, paralelo asombroso del “Cuento del vendedor de bulas” de los Cuentos de Canterbury de Chaucer y de muchas más obras literarias muy importantes.

Recientemente has publicado un libro sobre leyendas urbanas. ¿Consideras que estas nuevas manifestaciones orales vienen a sustituir a otras que ya parecen obsoletas, como los romances de ciego?

Sí. En las leyendas urbanas han confluido muchos de los temas, formas, inquietudes, preocupaciones, de la literatura oral anterior, no sólo de la de cordel, sino de muchas otras modalidades (incluso el mito). Hay muchas leyendas urbanas que son actualizaciones de mitos antiquísimos, documentados desde hace milenios.

En este sentido, ¿los textos de tradición oral son frutos de una época y deben morir con ella o tiene algún sentido mantenerlos con vida fuera del lugar y el momento en el que fueron creados?

pedrosa3Los textos de tradición oral evolucionan por sí mismos o se agotan por sí mismos cuando les llega su momento. Es preciso registrarlos, quererlos, mimarlos, prestarles oídos y grabadoras y cámaras de video, facilitar las condiciones para que sobrevivan mejor. Lo que puede ser muy peligroso es intentar trasplantarlos hacia condiciones o soportes diferentes a los que les son propios, en especial si son de tipo básicamente comercial, porque en ese caso es casi inevitable que se desnaturalicen profundamente. En mi opinión, el folk no ha ayudado a la supervivencia del folklore, sino que lo ha sustituido por una pseudotradición “vulgata” que en muchos casos ha acelerado su decadencia y desaparición. Un ejemplo: los seis u ochos villancicos que la radio y la televisión difunden a todas horas durante las Navidades, en (des)arreglos auténticamente horribles, clónicos, lamentables. Esas versiones vulgatas han canibalizado la riquísima tradición de villancicos españoles, han competido con ella en su propio terreno, se han solapado sobre ella con el apoyo de poderosísimos medios de comunicación de masas y, en definitiva, la han asesinado. Muchos más ejemplos se podrían dar. A mí me han dicho a veces algunas señoras o señores informantes que preferían no cantarme tal o cual canción porque la cantaban mejor en la televisión o en determinados discos. Algo tristísimo y lamentabilísimo, que demuestra que el folk compite y rivaliza con el verdadero folklore, como, por otra parte, están demostrando con cada vez mayor precisión y agudeza muchos antropólogos.

Nuestra web se sitúa en una frontera geográfica (el Estrecho de Gibraltar) y en otra temporal (siglos XX y XXI). ¿Qué te sugiere la palabra frontera desde el punto de vista cultural?

Me sugiere muchas cosas. He trabajado en muchas zonas de frontera, en muchas comunidades bilingües de América y África, en países donde conviven todo tipo de culturas (como Canadá) y en la actualidad trabajo en Madrid con inmigrantes a los que registro su cultura oral. La más rica e interesante cultura oral que yo conozco es la de frontera.

¿Qué proyectos tienes para la divulgación de la literatura de tradición oral?

Seguir escribiendo libros y artículos, impartiendo mis cursos, dirigiendo tesis doctorales (en la actualidad dirijo unas veinte tesis doctorales sobre literatura oral)... Prefiero no dar el salto al mundo de la “divulgación” o del “folk”, cuyo mensaje llega a mucha más gente, pero con mucha menor fidelidad y calidad.

Tu labor divulgativa se centra en la docencia, la edición y la participación en foros especializados. ¿Qué opinión te merecen otras iniciativas: cuentacuentos, intérpretes musicales, festivales, etc.?

El mundo de los cuentacuentos me merece todo el respeto, sobre todo porque me parece estratégicamente muy útil como instrumento pedagógico. Creo que debería fomentarse más, incluso dentro del ámbito de la escuela formal. Sin embargo, no considero a la gran mayoría de los cuentacuentos como transmisores de folclore, sino como actores y actrices con técnicas, estrategias verbales, condiciones de actuación, etc., radicalmente diferentes a las de los anónimos informantes del pueblo.
Las ejecuciones musicales me interesan cuando sus ejecutores son personas del pueblo, de la propia comunidad de la que se divulga su patrimonio oral, y siempre y cuando no varíen la forma tradicional de interpretar esa herencia cultural suya. Cuando se introducen cambios con el fin de adaptar ese patrimonio a las circunstancias de un espectáculo público o de la divulgación entre las masas, me parece que pierde en calidad folclórica y deja de interesarme. Prefiero acercarme siempre a las fuentes puras de la voz que a los intermediarios que la manipulan y afirman que lo que transmiten es la cultura pura del pueblo, independientemente de que la manipulación efectuada esté realizada con mayor o menor pericia artística. Lo ideal, para mí, sería que todo el mundo pudiese manipular cualquier forma de arte oral, pero advirtiendo que el producto resultante es una creación individual del manipulador, no una muestra del folclore del pueblo. Que no se venda como folclore lo que no es folclore, sino un producto de laboratorio diferente al folclore.
En cualquier caso, el hecho de que hoy en día cualquiera pueda decir que canta folclore, el hecho de que cualquiera se sienta autorizado a manipularlo en lo que suelen llamarse (arrogantemente) “arreglos” y a difundirlo como si fuera “folclore” verdadero, me parece que revela que el valor, el interés, el nivel de protección que tiene en nuestra cultura la tradición oral es práticamente inexistente. Si alguien encuentra un yacimiento arqueológico y decide hacer “arreglos” en él para que quede más bonito y asequible es castigado por la ley. Si alguien va a un museo y decide pintar sobre un cuadro de Picasso para que quede mejor, es también castigado por la ley. Si alguien transforma o modifica una “canción de autor” que se halle bajo la protección de los derechos legales correspondientes, puede ser perseguido igualmente. Con el folclore no sucede lo mismo, no tiene la misma valoración ni el mismo nivel de protección legal, ni mucho menos. Eso es bueno, por un lado, porque permite sentirlo como un patrimonio de todos. Pero también es malo porque bajo su nombre se etiquetan todo tipo de imposturas, muchas de ellas muy alejadas del modelo original auténticamente folclórico.

¿Crees que la cadena oral continúa o hemos entrado en una nueva etapa en la que lo espontáneo ha dejado paso a lo académico, a lo escénico, a lo profesional?

La cadena de la transmisión oral sigue viva, pero busca cauces y géneros nuevos: la leyenda urbana, el chiste, el juego, las canciones juveniles, de fútbol, etc. El cuento maravilloso tradicional, el romancero, etc., están muy próximos ya a su extinción. Pervivirán en los registros que hayan logrado ser grabados, en los libros, etc. En lo escénico pervivirá algo que no será folclore, sino escena inspirada en el folclore.

¿Alguna anécdota o experiencia que te anime a seguir realizando este trabajo?

Tengo millones de anécdotas que recordar y millones de razones para continuar realizando este trabajo. Mis anécdotas más queridas se refieren a África, cuya tradición oral nunca deja de sorprenderme. Grabar épica en mitad de la selva fue una experiencia inolvidable para un filólogo: era como tener la oportunidad de grabar e incluso de hablar y de hacer preguntas a Homero. Recuperar voces que van a perderse para siempre es el motor principal de mi búsqueda.

Entrevista realizada por Juan Ignacio Pérez (juanignacioperez@weblitoral.com)

© Asociación LitOral, Octubre 2005

 


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