La cabra montesina
INFORMANTE: Lorenzo Blanco Correro (Los Barrios, Cádiz)
RECOGIDO POR: Samuel Moreno
Había una vez una mujer que tenía tres hijas y vivían en un pueblo pequeño en el campo. Una tarde dijo la madre a sus hijas:
-Hoy, para merendar, os daré pan con chocolate.
Dicho esto mandó a la mayor a que bajara a la despensa y trajera una tableta de chocolate. La hijo obedeció y bajó las escaleras, pero al llegar al último escalón escuchó una voz que decía:
-Soy la cabra montecina del monte Cinar, el que pase de esta raya me lo trago de un tragar.
Y se comió a la niña.
Viendo la madre que su hija tardaba mucho, le dijo a la segunda que fuera a ver qué hacía su hermana que tardaba tanto. Pero, al llegar al último escalón, le pasó lo mismo. La voz dijo:
-Soy la cabra montecina del monte Cinar, el que pase de esta raya me lo trago de un tragar.
Y se la comió.
Al ver la madre que su otra hija también tardaba, mandó a la pequeña, pero también se la comió la cabra. La madre fue a ver por qué no venían sus hijas, pero no llegó a bajar porque se asustó al oír un ruido. Era la voz de la cabra. Entonces comprendió que la cabra se había comida a sus hijas y se sentó en la puerta de su casa llorando.
Al rato pasó un cazador que le preguntó qué le pasaba, la mujer le contó que la cabra se había comido a sus hijas y el hombre dijo:
-No te preocupes, yo la mataré.
Entró en la casa, bajó las escaleras y al llegar al último escalón la voz dijo:
-Soy la cabra montecina del monte Cinar, el que pase de esta raya me lo trago de un tragar.
Y se lo comió.
La mujer seguía llorando y pasaron los trabajadores del campo que, al verla llorar con tanta pena, le preguntaron qué le pasaba y ella contestó:
-Que la cabra montecina se ha comido a mis tres hijas, a un cazador y a una pareja de guardias civiles.
-No se preocupe, señora, nosotros la mataremos.
Y con sus guadañas y hoces en la mano entraron en la casa para matar a la cabra, pero al bajar el último escalón la voz dijo de nuevo:
-Soy la cabra montecina del monte Cinar, el que pase de esta raya me lo trago de un tragar.
Y se los comió.
La mujer seguía en la puerta sin saber qué hacer, llorando mucho, y pasó un batallón de soldados que venían de maniobras; al ver a la mujer llorar tanto le preguntó el capitán qué le pasaba y ella contestó:
-Que la cabra montecina se ha comido a mis tres hijas, a un cazador, a dos guardias civiles y a dos trabajadores del campo.
El capitán le dijo que no se preocupara, que ellos la matarían. Entraron en la casa, bajaron a la despensa y una voz dijo:
-Soy la cabra montecina del monte Cinar, el que pase de esta raya me lo trago de un tragar.
Y se los comió a todos.
Entonces llegó una pequeña pulga que, al ver a la mujer llorar, le preguntó qué le pasaba y la mujer se lo contó todo, entonces la pulga dijo:
-Yo la mataré.
Y la mujer le contestó:
-¿Tú, tan pequeña, cómo vas a matarla?
La pulga le contestó:
-Todos los demás no han podido, ya verá, no se preocupe.
Entró en la casa y bajó a la despensa, y la voz dijo:
-Soy la cabra montecina del monte Cinar, el que pase de esta raya me lo trago de un tragar.
Pero aún no había acabado la cabra de decir esto cuando dijo la pulga:
-Soy la pulguita chiquitita y bonita y de un picotazo te hago vacilar.
Y le picó a la cabra que se puso a dar saltos y saltos hasta que cayó muerta al suelo. Entonces la madre y la pulga rajaron a la cabra y salvaron a todos y desde entonces vivieron muy felices, sobre todo la madre, que había recuperado a sus tres hijas.
