Acertates a perra gorda
INFORMANTE: Josefa Montero Ramos (Fuente Obejuna, Córdoba)
RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez
En la posguerra había mucha necesidad y dicen que había un hombre muy ingenioso que, pobrecito mío, no tenía nada que darles a sus hijos de comer. Ya no sabía para dónde iba a tirar.
Y entonces los animales, las ovejas, los cerdos, iban por las calles echando lo que vulgarmente se llama “cagalutas”. Y este hombre que no sabía para dónde iba a tirar cogió papel de seda, iba liando cagalutas y las iba poniendo en estas cestas que se llevaban aquí al brazo. Entonces el hombre empezó por el pueblo, por Fuente Obejuna:
-¡Acertates a perra gorda, acertates!
Compraba una de una calle.
-Qué guarro, si es una cagaluta.
-¡Acertate!
Se iba para otra calle:
-¡Acertates a perra gorda, acertates!
Y dieron cuenta. Y dice el guardia:
-¿Qué ha pasado?
-Mire usted, que yo no tengo por dónde tirar y digo “acertates”, yo no estoy engañando a nadie.
Y el guardia:
-Es cierto, este hombre no ha engañado a nadie. Ha sido para dar de comer a sus hijos y ha dicho que si le compráis acertates y se los habéis comprado.
Mi padre me contaba a mí que esto había pasado porque entonces había mucha necesidad y es que este hombre tenía un ingenio... porque no se le ocurre a todo el mundo hacer lo que él hizo, llenar una banasta con esos papelitos que parecían caramelos.
